Iglesia de Cristo

La 14 - San Miguel - El Salvador






El Peligro de Distraerse


Marta y maria

Aconteció que yendo de camino, entró en una aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa. Esta tenía una hermana que se llamaba María, la cual, sentándose a los pies de Jesús, oía su palabra. Pero Marta se preocupaba con muchos quehaceres, y acercándose, dijo: Señor, ¿no te da cuidado que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude. Respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada. (Lucas 10:38-42).

Marta recibió a Cristo en su casa. Su hermana le recibió en su corazón. La historia de estas dos hermanas refleja el peligro de distraerse, porque Marta no era mundana sino una persona sumamente espiritual. Hizo una de la profesiones de fe más bellas en la Biblia cuando dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo (Juan 11:27).

¿Cómo es posible que una persona, tan creyente como Marta, podía al mismo tiempo estar tan distraída para resentirse con su hermana y hasta reprender a Jesús? Es que muchos tenemos nuestro dualismo de altas y bajas, momentos de luz y momentos cuando estamos completamente a revés con la voluntad de Dios. Hermano que te apartaste, ¿estás sin pecado para tirar la primera piedra contra las Martas de la iglesia? Muchos somos así. Todos tenemos nuestros momentos contradictorios pero Dios nos ama y nos acepta por los méritos de Cristo. Marta demostró su devoción a Jesús por hospedarlo, poniendo todo a su disposición. Todos tenemos nuestras virtudes, pero nadie lo tiene todo. Para ser salvo, no tienes que ser perfecto, sino tener fe. Regresa a la familia de Dios pero no te equivoques buscando perfección entre tus hermanos. Todos estamos luchando para crecer y ser más como Cristo y vencer nuestros defectos al igual que Marta. Toda iglesia tiene sus problemas. Ven para aprender más de Jesús, junto con nosotros.

Parece que los quehaceres de Marta eran más de los que ella podía hacer sola. Tal vez si hubiera preguntado a Jesús, este le hubiera dicho que lo mínimo de atención era suficiente. Jesús no necesitaba lo mejor, sino que estaría igual de contento con algo muy sencillo. Cristo no vino para ser servido, sino para dar su vida en rescate por muchos. No necesita palacios, ni súper siervos, sino que los ordinarios le son suficiente. No vino a buscar lo que tenemos sino nuestro corazón. No vino a buscar a talentosos, sino de unos pescadores para llevar a cabo su plan. Hermano apartado, Cristo quiere morar en tu corazón nuevamente, tal como eres.

Marta descuidó su alma por atender otras cosas. Hermano apartado, ¿qué es más importante que Jesús? Cuando comenzaste a faltar a la iglesia, ¿cuál era tu razón? ¿Recreación? ¿Construcción? ¿Deportes? ¿Viajes? Tal vez tu ausencia parecía como inocente hasta que se convirtió en costumbre.

Pero su hermana pensaba de una manera diferente y no iba a perder esta oportunidad por nada en el mundo. Jesús por un lado y Marta por el otro. No podía cumplir con los dos e ignoró a su hermana. ¿Y tú, mi hermano apartado? Si pudieras hacer cualquier cosa, ¿qué harías? , ¿Dónde estarías? ¿Qué hay en esta vida que realmente valga la pena? No podemos hacer todo lo que queremos. No hay suficiente tiempo ni dinero. Algunas oportunidades no esperan. Hay que escoger. Si tuvieras que ignorar a uno, ¿a quién sería? ¿a tu familia? ¿Eres espiritual? ¿O sólo piensas en las cosas materiales? ¿Sólo vives para el presente? ¿Qué es lo que más ocupa tu corazón, la adquisición de materia, o el bienestar espiritual? ¿Qué será de tus cosas de aquí a cien años? María ungió la cabeza de Jesús con un perfume que le costó como $17,000 EE.UU. (Mar. 14:3; Jn. 12:3). Hermano apartado, ¿Cuánto vale Jesús para ti?

Las distracciones son peligrosas. Puedes distraerte por unos segundos o por toda la vida. Por más espiritual que seas, si te distraes, puedes perder cosas y oportunidades de gran valor. No sólo puedes perder tu salvación, sino también la de tus familiares por distraerlos a ellos, así como Marta quiso quitar a su hermana la oportunidad de escuchar a Jesús. Puedes distraerte por servir cuando Jesús quiere que aprendas. Puede que en unas de estas reuniones que tu pierdas, algo realmente importante suceda. Tu hijo se hubiera entregado al Señor, o tus problemas matrimoniales hubieran encontrado solución. Pero más que tu necesidad, Dios pide tu fidelidad, tu obediencia, tu ejemplo, tu vida, tu devoción y tu corazón.

Distraído en griego significa halado o arrastrado, ¿Qué hay en este mundo que te hala. ¿La casa?, ¿el sexo?, ¿las drogas?, ¿tus amistades?, ¿el dinero?, ¿el poder?, ¿el trabajo?, ¿la familia? ¿Qué puede inventar el diablo para arrastrarte de Cristo? ¿Un desprecio?, ¿o una envidia?, Si el diablo fuera a tentarte de una manera irresistible, ¿cómo sería su estrategia? Si tu murieres hoy, ¿tendrán importancia tus excusas y tus prioridades? La eternidad te está arrastrando. Tu decides dónde pasarla. Antes que sea eternamente tarde, vuelve, querido hermano. Vuelve. Te amamos y te extrañamos. La vida es nada, pasajera, frágil, problemática y confusa. No hay mejor momento que ahora para volver al Señor. Puedes orar ahora mismo y pedirle perdón a Dios. Pronto estarás en la eternidad. No comprometas tu vida con más cosas para atender, más deudas que pagar, más promesas que cumplir y más trabajo que hacer. No te benefician en nada y sí te roban tu relación con Dios. La vida inquieta no agrada a Dios. No seas como Marta.

Jesús amaba a Marta pero observó el daño que ella se hacía a su espíritu. Quiso desprenderla de su esclavitud a la casa. Ella iba hacia una eternidad distraída por mantener un hogar terrenal que la hacía infeliz. Hermano, te cansaste de tu vida mundana, pero vuelves de nuevo a lo mismo, para comprar más, botar más, consumir más, limpiar más y el otro día repetir lo mismo. Eso no es vida. Jesús es vida. Las cosas jamás te pueden satisfacer. Nadie te puede hacer feliz. Sólo Jesús. Puedes distraerte con viajes, películas, comidas, o amistades, pero nada de esto te sacia tu espíritu. Hable con Dios, lee su palabra. medita, comparte con tus hermanos a los pies de Jesús. Toda otra actividad es perder el tiempo. Marta fue ruda con su visita de honor. ¿Eres rudo con Jesús? A pesar de su error, Jesús le habló con amor y ternura. Entendió su enredo, te entiende a ti y te habla con el mismo amor y ternura que a Marta. Busca tu bienestar eterno, te llama repitiendo tu nombre con amor. ¿Puedes oírle? Ábrele tu corazón, ven a casa.