Iglesia de Cristo

La 14 - San Miguel - El Salvador






¿Esta Contigo?


Paz en la tormenta


A veces los vientos bajan de repente en el mar de Galilea creando tormentas furiosas. Esto pasó una noche a Jesús y sus discípulos. Jesús estaba cansado que se durmió en la parte de atrás de la barca, pero sus discípulos, desesperados lo despertaron diciendo "¡Maestro, Maestro, que perecemos!" (Lucas 8:24). Como la barca ya anegaba, los discípulos temían que iba a desaparecer bajo las aguas en cualquier momento.

En la vida hay tormentas por problemas de salud, empleo, familia, amistades, litigios y vicios. Cualquier persona puede morir en cualquier momento. Pero estos discípulos contaban con Jesús que estaba con ellos. El que tiene a Jesús tiene posibilidades. El que no le tiene está completamente sólo. Tener a Jesús de verdad es oírle y hacerle caso.

La forma en que despertaron a Jesús no fue la mejor. Le dijeron, "Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos?" (Marcos 4:38). Era tanto su desesperación que acusaron a Jesús de negligencia en el cuidado de ellos. Su pregunta era, en realidad, una queja. Algunos, en vez de suplicar a Dios, lo quieren regañar por permitir que las cosas sucedan como suceden, insinuando que Dios debería tener más cuidado de lo que hace. Formular quejas no es la mejor forma de acercarse a Dios. Pero nuestro Señor es muy amoroso y paciente con los que sufren inquietudes. Que suerte que Dios que no nos responde como merecen nuestras actitudes equivocadas.

Cristo reprendió el viento, las olas y a sus discípulos por su falta de fe. Limitó los vientos y las olas, pero con sus discípulos trató de remover las limitaciones en su forma de pensar. Sus mentes reflejaron lo que vieron en sus alrededores: una situación imposible. Sin fe en Dios, sentían miedo y desesperación. Con fe en Dios, hubieron ignorado el panorama de sus alrededores, viendo mejor a Dios que da paz, tranquilidad y calma en cualquier situación porque la fe es "la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve" (Heb. 11:1). Amigo atormentado, si su vida está llena de confusión, problemas y desesperación, es porque no confías en Dios ni conoces a Jesús.

Jesús estaba dormido pero no estaba inconsciente de la tormenta que era una prueba para estimular el crecimiento espiritual de sus discípulos por descubrir quién El es. Jesús estaba en la barca, pero su presencia física no era necesaria. Jesús es Dios, está en todas partes y prometió, "He aquí, yo estoy con vosotros, todos los días, hasta el fin del mundo" (Mat. 28:20). No hace falta evidencias como visiones, señales, milagros, sueños, ni experiencias para tener a Jesús en nuestra vida, sino fe en su promesa.

Pablo pasó por muchas dificultades, pero después de conocer a Cristo, no hubo dificultad alguno sino la afirmación, "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece" (Fil. 4:13). Escribió, "Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos! Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca. Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús" (Fil. 4:4-6). Pablo consideraba la muerte como ganancia (Fil. 1:21). También escribió, "a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados" (Rom. 8:28). ¿Conoces al Señor? ¿Está contigo? ¿Puedes dormir en las tormenta de la vida?

por Elmer N. Dunlap Rouse